








Las fotografías tomadas con cámara estenopeica de perros durmiendo, son una metáfora, una mirada simbólica de la muerte, en tanto que la fotografía captura ese instante que “ha sido”, conexión con ese acto final que no distingue entre humanos y animales.
Las impresiones sobre placa metálica, son la alegoría de un retrato post-mortem, dialogan desde la materialidad que funciona como espejo, donde se borra esa frontera entre humanos y animales. De esta manera podemos visualizar ese “antepasado común” que tenemos, permite vernos reflejados a nosotros mismos en esa condición animal y de esta manera reflexionar acerca de este “giro animal”, como crítica de la tradición antropocéntrica que entiende al ser humano como lo absolutamente opuesto a lo animal.
Esta obra la conforma también un libro fotoquímico realizado con Cianotipo.